Tres tristes trizas de los restos de ayer,
vente a dormir, vuelve sueño enhiesto,
duermo, más allá que acá y más aquí volviendo,
vuelvo y no te encuentro,
tuerto tropiezo con los restos
de las trizas de ayer,
tristes noches con las tizas
garabateando, arañando tus mentiras
vuelvo y no te encuentro
arrancando las carnes de las que comíamos.
Nos han negado, crear, amar, follar con amor y sin placer y destruir, de pequeño me atraía hacer grandes edificios que nunca se caerían y hoy, sumido en una nube de la que no sé bajar, ni siquiera sé si quiero, solo me entusiasma encontrar el bloque de cemento adecuado que empujar para que se derrumbe sobre mis pies fríos ese edificio. Supongo que es fácil hacerlo caer, supongo que soy aquello que siempre odié y que ya solo nos queda tumbarnos y ni siquiera tener los glúcidos o agallas para levantarnos nunca jamás en esta cama tan vacía o tan llena, depende por donde se mire.
Si duermo poco,
si caen los copos en septiembre
si siembre lo que siembre
siempre me parece poco
te vi, jartá de mescalina
en el funeral,
mercancía divina del Raval
sonríes aunque te vaya mal,
limpia tu lunes,
el cielo el miedo, sus nubes
hoy sabes y subes,
mañana caer
dar de comer a un mono
en pleno atardecer,
esmero y brillo
áspero del acero que quema
duele como caricias
de sus llemas
esas que ya ni te llenan,
vida de luto, como un tributo
sin difunto,
final punto.
Encontré aquello que perdí,
ahogado en Brugal,
embriagado en el frío invernal,
Bienal de Viena y
tras el fracaso
salto y ahogo mis penas
en las sucias aguas del sena,
ama, gasto lo que me das
en fines que acaban en ná.
Ella, voló lejos,
reflejo de mi alma deglutida
dando coces, voces feroces
desde la calma.
He vuelto a soñar con mis miserias
las he visto fluir por mis adentros
devanando mis arterias
suplicando el reencuentro
con aquello que me daba de comer,
miel de mi propio decaer.
olor a café en la periferia,
mierda de ayer con pan duro de hoy.
Soy, reflejo de oscuras nieblas,
reflejos de espejos rotos
potros enfermos levitando
dando más de lo puesto.
Me absorbes como la mente un domingo frío,
las horas llegarán y no podré
oír el dolor de los niños muertos suspirando,
sus madres llorando y yo fumando el día
con paciencia de lo inevitable,
tic toc, el latido de tu reloj contra mi pecho
de mártir del deshecho,
chatarra decora el sarcófago de mi musa,
ayer derramé vino agrio sobre su rostro
y el resto lo decidirá el fiscal, por supuesto,
y mientras el mundo se cae sobre mi,
bebo de las paginas amarillas de Sartre y Baudelaire,
convirtiendo en vicio lo que ayer era un placer.
Serás mi Kate Moss, pegamento, ardor
vino blanco y sábanas mojadas de cal
encanto, de zombies cada mañana
hablando y rezando, untando el pan en mojama
dame de tu jamón prohibido
regaré las flores del corán por el olvido,
pido, doy, recibo, pasán los niños
y el papel de plata circula
por mis venas.
Impacta un bajo ridículamente bajo cada mañana, entran los sintes a las 7:25, preludio de ese bajo estrambótico que me baja por la laringe, esa mantequilla con glitches propios del matrix en el que vivo. La caja aplasta mi intelecto con esa precisión, esa inexpresividad; descanso durante 5 segundos mientras un wobbly me apacigua dónde entra un break de los 80, de electrónica de Detroit y comienzo a correr. Tic, tack, kick, hi-hat, hi-hat, hi hat, hi hat, snare. Mantras de vida, vida al ritmo que nunca imaginé vivir. Y solo tengo 2 segundos de intervalo en los que ya apenas puedo ni dormir y comienza el nuevo hit, el mismo de ayer; la nueva vida con más precisión y menos expresividad. 500 millones de robots escuchando electrónica en sus últimos cascos Skullcandy.
Dejamos de pensar ya hace años, solo buscando en el baúl de los recuerdos, prejuicios, macros informatizadas de acciones y contradicciones para evitar ser, evitar pensar, evitar dejar de vivir esta vida automática.
¿Tendré que sonreír? ¿Cuándo pago al camarero? ¿El conflicto palestino? ¿Gemir o no gemir? Esa es la cuestión, y no pregunta (Question) pues ningún interrogante lo responde el raciocinio ni la experimentación, ya no hay preguntas sin responder porque las respuestas ya están escritas por nosotros en el gran libro de la sociedad vigente.
Así me niego a jugar al juego, tirar los dados y solo por azar (quizás posicionamiento social anterior, habilidad en las felaciones colectivas a el jefe o la pareja, al vecino o al presidente de la comunidad; nivel de sonrisa forzada para sonreír mejor y así todos al mismo son reirnos de nuestra existencia con dirección manual). Por azar vivo y muero por convencimiento que mañana será todo igual aunque me intenten hacer pensar que no, aunque mi mujer tenga un mal día o llueva, el cuentakilómetros no cesa y lo que fue ayer ya no es pues hoy ya es pasado, pluscuamperfecto sin error programado por los hombres del maletín, sí, esos que no vemos.
Quiero comer la tierra, con mis manos agrietadas,
ver el cielo derrumbarse, cada mañana
y por mi ventana ver, atardecer tras atardecer
con la barriga repleta del potaje que hizo mi mujer,
escribir poesía astuta, crítica, a veces bruta
y huir de la ciudad, que me condena
a tanta desgracia, tanta viruta
de metal, incrustada
tantos malos humos, a lo sumo
soy, un despojo, voy
caminando roto, como ayer
el mismo, déspota, exploto
sobre la tierra roja, de cada acaecer,
las sombras me dan de comer,
vivir, yo quiero volver.
Amanezco y dejo de existir. Se va acercando la hora de despertar y sigo muriendo como un ayer que no quiero recordar.
¿Te acuerdas cuando tocaste mi tótem? Me acuerdo de la primera vez que te toqué el coño, musa que fuiste y harapos en los que te convierto.
Rajo las venas de unos días tan carnosos, abrazé la vida como a un árbol sólo en un bosque donde el viento rasga su piel.
Así se va por el desagüe mi alma, aquella que nunca pude conocer, como un padre que no existe o una utopía que no logro vislumbrar.
Como un barco anclado, un hombro dislocado o el grito silencioso durante un polvo, me voy; lamentando más lo que dejé de hacer que lo que hice, que lo que hago, que lo que deseo facer.
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