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140 bpm

Impacta un bajo ridículamente bajo cada mañana, entran los sintes a las 7:25, preludio de ese bajo estrambótico que me baja por la laringe, esa mantequilla con glitches propios del matrix en el que vivo. La caja aplasta mi intelecto con esa precisión, esa inexpresividad; descanso durante 5 segundos mientras un wobbly me apacigua dónde entra un break de los 80, de electrónica de Detroit y comienzo a correr. Tic, tack, kick, hi-hat, hi-hat, hi hat, hi hat, snare. Mantras de vida, vida al ritmo que nunca imaginé vivir. Y solo tengo 2 segundos de intervalo en los que ya apenas puedo ni dormir y comienza el nuevo hit, el mismo de ayer; la nueva vida con más precisión y menos expresividad. 500 millones de robots escuchando electrónica en sus últimos cascos Skullcandy.