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Dominico

Me absorbes como la mente un domingo frío,

las horas llegarán y no podré

oír el dolor de los niños muertos suspirando, 

sus madres llorando y yo fumando el día

con paciencia de lo inevitable,

tic toc, el latido de tu reloj contra mi pecho

de mártir del deshecho, 

chatarra decora el sarcófago de mi musa,

ayer derramé vino agrio sobre su rostro

y el resto lo decidirá el fiscal, por supuesto,

y mientras el mundo se cae sobre mi,

bebo de las paginas amarillas de Sartre y Baudelaire,

convirtiendo en vicio lo que ayer era un placer.