Amanezco y dejo de existir. Se va acercando la hora de despertar y sigo muriendo como un ayer que no quiero recordar.
¿Te acuerdas cuando tocaste mi tótem? Me acuerdo de la primera vez que te toqué el coño, musa que fuiste y harapos en los que te convierto.
Rajo las venas de unos días tan carnosos, abrazé la vida como a un árbol sólo en un bosque donde el viento rasga su piel.
Así se va por el desagüe mi alma, aquella que nunca pude conocer, como un padre que no existe o una utopía que no logro vislumbrar.
Como un barco anclado, un hombro dislocado o el grito silencioso durante un polvo, me voy; lamentando más lo que dejé de hacer que lo que hice, que lo que hago, que lo que deseo facer.